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En otras ocasiones, incluso, ambientes agitados sirven también para poder convertir el vigor en literatura. El poder de concentración, a la hora de crear atmósferas, situaciones, mundos diferentes,… es suficiente para permitir realizar un ejercicio tal de abstracción, capaz de hacer pasar inadvertida toda esa envolvente agitación exterior.
El escritor posee las herramientas necesarias para transformar el mundo, desde los abstractos vértices de las cuatro esquinas de su soledad.