
Es necesario recargar, de nueva vitalidad, nuestro activismo. Así, seguramente es como mejor podremos aprender y asimilar todo lo positivo que la práctica nos proporciona. Despojándonos, de vez en cuando, de esa sobrecarga inútil, capaz de no dejar supurar el flujo de optimismo, imprescindible para acometer resoluciones y experiencias.
Experimentar ciertas catarsis nos rejuvenecen física y espiritualmente.